Puesta a tierra: qué es, para qué sirve y cómo se hace

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La puesta a tierra es, junto al interruptor diferencial, el sistema de seguridad más importante de cualquier instalación eléctrica y, al mismo tiempo, uno de los más desconocidos. Se trata de una conexión que une las partes metálicas de la instalación con el terreno para que, en caso de avería, la corriente peligrosa se desvíe hacia el suelo en lugar de atravesar el cuerpo de una persona. Aunque no se ve y rara vez pensamos en ella, es la responsable de que tocar un electrodoméstico con una fuga eléctrica no termine en un accidente grave.

En este artículo explicamos, desde la experiencia de un especialista en material eléctrico, qué es exactamente la puesta a tierra, para qué sirve, cómo funciona y cómo se hace paso a paso. Repasaremos las partes que la componen, los tipos de electrodos (picas, placas y conductores enterrados), la resistencia de tierra y su valor máximo, cómo se mide con un telurómetro, su relación con el diferencial y qué exige el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión (REBT) en sus instrucciones ITC-BT-18 e ITC-BT-26. El objetivo es que instaladores y particulares entiendan por qué es imprescindible y cómo mantenerla en buen estado.

Qué es la puesta a tierra

La puesta a tierra —también llamada toma de tierra o conexión a tierra— es la unión eléctrica directa, sin fusibles ni protección intermedia alguna, de una parte del circuito eléctrico o de las masas metálicas de una instalación con un electrodo o conjunto de electrodos enterrados en el suelo. Su misión es conseguir que entre el terreno y las partes metálicas accesibles no existan diferencias de potencial peligrosas y, a la vez, permitir el paso a tierra de las corrientes de defecto o de las descargas de origen atmosférico.

Cuando hablamos de «masas» nos referimos a las partes conductoras de un aparato o de la instalación que normalmente no están en tensión, pero que podrían quedar bajo tensión por un fallo de aislamiento: la carcasa metálica de una lavadora, el chasis de una caldera o la envolvente metálica de un cuadro eléctrico. Al conectar todas esas masas a tierra mediante el conductor de protección, el clásico cable amarillo-verde, garantizamos que cualquier fuga encuentre un camino de baja resistencia hacia el suelo.

Conviene distinguir entre la puesta a tierra de protección, que es la que interesa en las viviendas e instalaciones habituales para proteger a las personas, y la puesta a tierra de servicio o funcional, que se emplea por motivos de funcionamiento del sistema, como el neutro de un transformador. En este artículo nos centramos en la puesta a tierra de protección, que es la exigida por el REBT en prácticamente cualquier instalación de baja tensión.

Para qué sirve la puesta a tierra

La finalidad principal de la puesta a tierra es proteger a las personas frente a los contactos eléctricos indirectos, es decir, frente al riesgo de tocar una masa metálica que ha quedado accidentalmente en tensión. Sus funciones, sin embargo, van algo más allá y merece la pena detallarlas, porque ayudan a entender por qué el reglamento la considera obligatoria y por qué no debe faltar en ninguna instalación moderna.

Protección contra contactos indirectos

Un contacto indirecto se produce cuando una persona toca una parte metálica que no debería tener tensión, pero que la tiene por un defecto de aislamiento. Si esa masa está conectada a tierra, la corriente de fuga circula hacia el suelo y provoca la actuación inmediata del interruptor diferencial, que corta el suministro en milésimas de segundo. Sin puesta a tierra, esa misma corriente podría descargarse a través del cuerpo de quien toca el aparato, con consecuencias potencialmente mortales.

Otras funciones de seguridad

Además de proteger frente a contactos indirectos, la puesta a tierra sirve para limitar la tensión que las masas pueden adquirir respecto al terreno, para derivar de forma segura las sobretensiones de origen atmosférico (rayos) que captan los pararrayos o llegan por la red, y para establecer una referencia de potencial estable para ciertos equipos electrónicos. También contribuye a evitar incendios de origen eléctrico, ya que facilita la eliminación rápida de las corrientes de defecto antes de que generen un calentamiento peligroso en cables y aparatos.

En definitiva, para qué sirve la puesta a tierra se resume en una idea sencilla: crear un camino seguro y de baja resistencia por el que la electricidad no deseada pueda escapar hacia el suelo, en lugar de buscar salida a través de las personas. Es una protección pasiva que trabaja en silencio y que solo se echa de menos cuando algo falla, por eso su correcta instalación y mantenimiento son tan importantes.

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Cómo funciona la puesta a tierra

Para comprender cómo funciona la puesta a tierra hay que pensar en la electricidad como algo que siempre busca cerrar su circuito por el camino de menor resistencia. Cuando el aislamiento de un cable se deteriora y un conductor activo toca la carcasa metálica de un aparato, esa carcasa queda en tensión. Si existe una conexión a tierra, se crea un circuito de defecto: la corriente sale por la masa, baja por el conductor de protección, llega al electrodo y se dispersa en el terreno.

La clave está en que ese camino a tierra tenga una resistencia lo más baja posible. Cuanto menor sea la resistencia de la instalación de tierra, mayor será la corriente de defecto que circule y más rápido y seguro será el disparo del diferencial. Al mismo tiempo, una resistencia baja mantiene la tensión de contacto —la que aparecería entre la masa y el suelo— por debajo de los límites que el cuerpo humano puede soportar sin daño, fijados por el reglamento en 24 o 50 voltios según el tipo de local.

Este funcionamiento se apoya en dos elementos que actúan en equipo: la propia toma de tierra, que ofrece la vía de escape, y el interruptor diferencial, que detecta la fuga y corta el suministro. Uno sin el otro pierde gran parte de su eficacia, y por eso el REBT exige ambos de forma conjunta en las instalaciones actuales. Entender esta colaboración es fundamental para diseñar y revisar cualquier instalación con criterio.

Partes de una instalación de puesta a tierra

Una instalación de puesta a tierra no es un único elemento, sino un conjunto de componentes conectados en serie que van desde el terreno hasta cada aparato protegido. Conocer sus partes es fundamental para instalarla o revisarla correctamente. La siguiente tabla resume los elementos principales y, a continuación, los explicamos uno a uno con más detalle.

ComponenteFunciónMaterial o producto habitual
Electrodo o toma de tierraEstablece el contacto físico con el terreno y disipa la corriente de defectoPica de acero cobreado, placa de cobre o cable de cobre desnudo
Conductor de tierra (línea de enlace)Une el electrodo con el punto de puesta a tierraCobre desnudo de 25 o 35 mm²
Punto de puesta a tierraPermite seccionar la unión para medir la resistenciaPuente de comprobación alojado en arqueta
Borne principal de tierraConcentra y distribuye todas las conexiones de tierraBarra o borne de cobre
Conductor de protecciónUne las masas de los equipos y los enchufes con el borne de tierraCable amarillo-verde
Conductor de equipotencialidadIguala potenciales entre elementos metálicos accesiblesCable amarillo-verde

El electrodo o toma de tierra

El electrodo es la parte que está en contacto directo con el terreno y por la que se dispersa la corriente. Puede ser una pica vertical, una placa enterrada o un conductor de cobre desnudo tendido horizontalmente. Es el elemento que más condiciona la resistencia final de la instalación, porque depende tanto de sus dimensiones como de la resistividad del terreno donde se clava. Los electrodos deben resistir bien la corrosión, motivo por el cual se emplean materiales como el acero cobreado, el cobre o el acero galvanizado.

La línea de enlace con tierra o conductor de tierra

El conductor de tierra, también llamado línea de enlace con tierra, une el electrodo con el punto de puesta a tierra. Suele ser un cable de cobre desnudo, ya que va enterrado, y su sección mínima depende de si está protegido o no frente a la corrosión y frente a daños mecánicos. El REBT establece secciones mínimas de 25 mm² de cobre cuando el conductor no está protegido contra la corrosión, valor que puede reducirse a 16 mm² si sí lo está.

El punto de puesta a tierra y el puente de comprobación

El punto de puesta a tierra es un borne o dispositivo que permite unir la línea de enlace con el resto de la instalación y, muy importante, seccionar esa unión para poder medir la resistencia de tierra. Este punto se materializa habitualmente mediante un puente de comprobación alojado en una arqueta registrable. Gracias a él, el instalador puede desconectar la tierra del edificio y medir únicamente la resistencia del electrodo con el telurómetro, sin desmontar nada.

El borne o barra principal de tierra

El borne principal de tierra —a veces una barra o pletina de cobre— es el punto donde se concentran y distribuyen todas las conexiones de tierra del edificio. A él llegan la línea principal de tierra procedente del electrodo, los conductores de protección de los circuitos y los conductores de equipotencialidad. Actúa como nudo central del sistema y facilita el mantenimiento, ya que permite comprobar y ampliar las conexiones en un único lugar accesible junto al cuadro general.

Los conductores de protección

Los conductores de protección son los cables amarillo-verde que unen las masas de cada aparato y las tomas de corriente con el borne principal de tierra. Son la parte visible del sistema y la que llega hasta cada enchufe de la vivienda. Su sección se calcula en función de la sección de los conductores de fase del circuito: igual sección hasta 16 mm², 16 mm² para fases de entre 16 y 35 mm², y la mitad de la sección de fase para secciones superiores.

Tipos de electrodos y picas de tierra

No todos los terrenos ni todas las instalaciones admiten el mismo tipo de electrodo. La elección depende del espacio disponible, de la resistividad del suelo y del valor de resistencia que se quiera alcanzar. Estos son los tres tipos de electrodos más habituales y las picas de tierra asociadas, cada uno con sus ventajas e inconvenientes.

Picas de tierra

Las picas de tierra son el electrodo más utilizado por su facilidad de instalación. Se trata de barras que se clavan verticalmente en el terreno, normalmente de acero recubierto de cobre (acero cobreado) por su buena conductividad y resistencia a la corrosión, aunque también las hay de cobre macizo o de acero galvanizado. Las longitudes más comunes son de 1,5 y 2 metros, y pueden empalmarse entre sí mediante manguitos para alcanzar mayor profundidad. Cuando una sola pica no consigue una resistencia suficientemente baja, se instalan varias en paralelo, separadas entre sí una distancia al menos igual a su longitud.

Placas enterradas

Las placas son electrodos de cobre o de acero galvanizado que se entierran verticalmente, generalmente con su arista superior a un mínimo de 50 cm de profundidad. Ofrecen una gran superficie de contacto con el terreno, por lo que resultan útiles en suelos de alta resistividad o cuando no es posible clavar picas a gran profundidad. El reglamento fija espesores mínimos —del orden de 2 mm para el acero galvanizado y 2,5 mm para el cobre— y una superficie útil que no debería ser inferior a 0,5 m². Su instalación es más laboriosa que la de las picas, pues requiere excavación previa.

Conductor enterrado y anillo de cimentación

La tercera opción consiste en enterrar horizontalmente un conductor de cobre desnudo, habitualmente formando un anillo cerrado que rodea el perímetro del edificio. Esta es la solución que el REBT recomienda para obra nueva: al iniciar la construcción se coloca en el fondo de las zanjas de cimentación un cable de cobre desnudo, del orden de 35 mm², que queda embebido en el hormigón y en el terreno. El anillo de cimentación aprovecha toda la superficie de la edificación para lograr una resistencia baja y estable a lo largo del tiempo, y es el punto de partida de la instalación de tierra del edificio.

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Cómo se hace una puesta a tierra paso a paso

Ejecutar correctamente una puesta a tierra requiere planificación y respetar el orden de las operaciones. A continuación describimos, de forma general, cómo se hace una puesta a tierra en una instalación de baja tensión. Debe realizarla siempre un instalador autorizado, ya que de ella depende la seguridad de todo el edificio y su correcta certificación.

puesta a tierra
  1. Estudiar el terreno. Antes de nada se analiza el tipo de suelo y, si es posible, se mide su resistividad, ya que de ella depende el número y tipo de electrodos necesarios. Un terreno arcilloso y húmedo facilitará mucho la tarea, mientras que uno arenoso o rocoso exigirá más electrodos para lograr una resistencia baja.
  2. Elegir el electrodo. En función del terreno y del espacio disponible se decide entre picas verticales, placas o conductor enterrado en anillo. En obra nueva lo habitual es partir del anillo de cobre desnudo en la cimentación y reforzarlo con picas si hiciera falta bajar la resistencia.
  3. Clavar las picas o tender el conductor. Las picas se hincan verticalmente en el terreno con maza o martillo percutor, dejando accesible su cabeza para la conexión; el conductor de anillo se tiende en el fondo de la zanja antes de hormigonar. Si se usan varias picas, se separan entre sí al menos su propia longitud.
  4. Realizar las conexiones. Las uniones entre electrodos y conductores deben ser duraderas y de baja resistencia. Se ejecutan con soldadura aluminotérmica, que funde el cobre creando una unión permanente, o con grapas y bornes específicos de conexión a tierra resistentes a la corrosión.
  5. Instalar la arqueta con puente de comprobación. La línea de enlace con tierra se lleva hasta una arqueta registrable donde se coloca el puente de comprobación, que permitirá seccionar la tierra para medirla en el futuro sin necesidad de desmontar la instalación.
  6. Llevar la línea principal al borne de tierra. Desde la arqueta, la línea principal de tierra sube hasta el borne o barra principal, situado junto al cuadro general, donde se concentran todas las conexiones de tierra del edificio.
  7. Distribuir los conductores de protección. Desde el borne principal parten los conductores amarillo-verde que recorren la instalación hasta cada cuadro secundario, cada masa metálica y cada enchufe, cerrando así la cadena de protección.
  8. Medir y documentar. Por último se mide la resistencia de la instalación con el telurómetro y se comprueba la continuidad de los conductores de protección. Los valores se anotan en el certificado de la instalación y sirven de referencia para futuras revisiones.

Todo este proceso debe realizarlo un instalador eléctrico autorizado y quedar reflejado en la documentación de la instalación. Improvisar una puesta a tierra o dejarla a medias —por ejemplo, clavar una pica pero no comprobar la continuidad hasta los enchufes— es tan peligroso como no tenerla, porque genera una falsa sensación de seguridad que puede costar muy cara.

Resistencia de puesta a tierra y su valor máximo

La resistencia de puesta a tierra es el valor, medido en ohmios (Ω), que ofrece el electrodo al paso de la corriente hacia el terreno. Es el parámetro que determina si la instalación es eficaz: cuanto más baja sea, mejor. Depende de tres factores principales: la resistividad del terreno (los suelos arcillosos y húmedos conducen mucho mejor que los arenosos o rocosos), las dimensiones y el número de electrodos, y la profundidad y disposición de estos.

El REBT no fija un valor único de resistencia, sino que lo relaciona con la seguridad de las personas. Establece que la resistencia debe ser tal que las masas no puedan dar lugar a tensiones de contacto superiores a 24 V en locales húmedos o conductores (baños, garajes, obras) y 50 V en el resto de los casos. Combinando ese límite con la sensibilidad del diferencial se obtiene la resistencia máxima admisible: para un diferencial de 30 mA y un límite de 24 V, el valor teórico máximo sería de 800 Ω, resultado de dividir 24 V entre 0,03 A.

No obstante, en la práctica se busca una resistencia mucho más baja, habitualmente por debajo de 20 o 37 Ω, para asegurar un buen margen frente a las variaciones estacionales y para que la instalación funcione bien incluso con diferenciales de mayor sensibilidad. Una resistencia baja garantiza que cualquier defecto se traduzca en una corriente suficiente para disparar la protección y en una tensión de contacto inofensiva para las personas.

Como orientación, la resistencia de una pica vertical se puede estimar de forma aproximada dividiendo la resistividad del terreno entre la longitud de la pica. Así, en un terreno de 300 Ω·m con una pica de 2 metros obtendríamos unos 150 Ω, un valor demasiado alto que obligaría a clavar varias picas en paralelo o a mejorar el terreno con compuestos que reducen la resistividad. Esta sencilla estimación explica por qué el mismo electrodo puede dar resultados muy distintos según dónde se instale.

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Cómo medir la puesta a tierra con telurómetro

Medir la puesta a tierra es imprescindible tras la instalación y de forma periódica durante toda su vida útil. El instrumento específico para ello es el telurómetro o medidor de resistencia de tierra. El método más habitual es el de caída de potencial o método del 62 %, que utiliza dos electrodos auxiliares clavados en el terreno a distancias determinadas del electrodo bajo prueba.

Para realizar la medición se secciona el puente de comprobación de la arqueta, de modo que el telurómetro mida solo la resistencia del electrodo y no la del resto de la instalación. El aparato inyecta una corriente conocida entre el electrodo y una pica auxiliar lejana, y mide la tensión en un punto intermedio situado aproximadamente al 62 % de la distancia. Con esos datos calcula y muestra directamente la resistencia en ohmios, lista para compararla con el valor máximo admisible.

Existe también la pinza de tierra o telurómetro de pinza, que permite medir sin desconectar nada y sin picas auxiliares, muy útil en instalaciones con varias tomas en paralelo. Sea cual sea el método, conviene medir preferentemente en la época más seca del año, que es cuando el terreno presenta su mayor resistividad y, por tanto, el peor de los casos. Los valores obtenidos deben anotarse siempre para poder compararlos en revisiones futuras y detectar a tiempo cualquier degradación.

Relación entre la puesta a tierra y el diferencial

La puesta a tierra y el interruptor diferencial forman un binomio inseparable. El diferencial vigila continuamente que la corriente que entra por los conductores activos sea igual a la que regresa; si detecta una diferencia —una fuga— superior a su sensibilidad, que en viviendas es de 30 mA, corta el circuito en una fracción de segundo. Pero para que esa fuga exista y sea detectable, la corriente de defecto necesita un camino de retorno: precisamente el que ofrece la puesta a tierra.

Si una masa en tensión no estuviera conectada a tierra, el diferencial no detectaría nada hasta que una persona tocara el aparato y su cuerpo cerrara el circuito. Con una buena toma de tierra, en cambio, el defecto provoca la fuga y el disparo antes de que nadie llegue a tocar la masa. Por eso el REBT exige que ambos sistemas coexistan: la tierra proporciona la vía de escape y el diferencial ejecuta el corte del suministro.

La relación entre ambos también determina el valor máximo de resistencia admisible, como hemos visto: cuanto más sensible es el diferencial, mayor resistencia de tierra puede tolerarse manteniendo la seguridad, aunque siempre es preferible una resistencia baja. Este equilibrio entre resistencia de tierra y sensibilidad de la protección es la base de la protección contra contactos indirectos en las instalaciones actuales.

Enchufes con toma de tierra y su relación con la instalación

Un caso particular y muy cotidiano de la puesta a tierra son los enchufes con toma de tierra, esas bases con los contactos laterales o el borne central que conectan los electrodomésticos al conductor de protección. No son la instalación de tierra en sí, sino su punto final: el lugar por el que la protección llega a cada aparato. Determinar en qué estancias y para qué usos son obligatorios es un tema con sus propias reglas, que tratamos en detalle en nuestra guía sobre enchufes con toma de tierra y cuándo son obligatorios.

Aquí basta con recordar que de nada sirve una toma de tierra perfectamente instalada si luego los enchufes no están correctamente conectados al conductor de protección, o si se utilizan adaptadores que anulan el contacto de tierra. La cadena de seguridad debe estar completa y sin interrupciones desde el electrodo enterrado hasta el último enchufe de la vivienda, porque un solo eslabón defectuoso deja sin protección a todo lo que dependa de él.

Normativa REBT: ITC-BT-18 e ITC-BT-26

La instalación de puesta a tierra está regulada en España por el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión (REBT) y, de forma específica, por la instrucción técnica complementaria ITC-BT-18, titulada precisamente «Instalaciones de puesta a tierra». Esta instrucción define los elementos que componen la toma de tierra, los materiales admitidos, las secciones mínimas de los conductores, los tipos de electrodos y los criterios de resistencia y tensiones de contacto que hemos ido comentando a lo largo del artículo.

Por su parte, la ITC-BT-26, sobre instalaciones interiores en viviendas, establece que en toda edificación debe preverse la puesta a tierra desde el inicio de la obra, mediante el anillo de cobre desnudo en la cimentación al que se conectan las masas y los elementos metálicos del edificio. Otras instrucciones complementan el marco normativo: la ITC-BT-24 trata la protección contra contactos directos e indirectos, y la ITC-BT-19 recoge las secciones de los conductores de protección.

Cumplir esta normativa no es solo una cuestión legal para obtener el boletín o certificado de instalación eléctrica: es la garantía de que la puesta a tierra ofrecerá realmente la protección esperada. Por eso cualquier instalación nueva o reforma debe ejecutarse conforme al REBT y ser verificada por un instalador autorizado, que medirá la resistencia y comprobará la continuidad de los conductores de protección antes de dar por buena la instalación.

Mantenimiento y errores frecuentes de la puesta a tierra

Una puesta a tierra no es un elemento que se instale y se olvide. El terreno cambia con las estaciones, las conexiones pueden aflojarse o corroerse y la resistencia puede aumentar con los años. Por eso conviene revisarla periódicamente, idealmente una vez al año y siempre en la época seca, que es cuando presenta los valores más desfavorables y, por tanto, permite comprobar el peor escenario posible.

El mantenimiento básico consiste en medir de nuevo la resistencia con el telurómetro, inspeccionar el estado de la arqueta y del puente de comprobación, apretar o rehacer las conexiones que presenten holgura u óxido y verificar la continuidad de los conductores de protección hasta los enchufes. Si la resistencia ha subido por encima de lo admisible, puede ser necesario añadir picas, mejorar el terreno con compuestos que reducen la resistividad o rehacer alguna unión deteriorada.

A continuación recogemos los errores más frecuentes que se detectan en las instalaciones de puesta a tierra y cómo evitarlos. Muchos de ellos son fáciles de prevenir y marcan la diferencia entre una tierra realmente eficaz y otra que solo lo parece sobre el papel.

Error frecuenteRiesgo o consecuenciaSolución recomendada
Usar tuberías de agua o gas como toma de tierraEs ilegal e inseguro; la red puede sustituirse por plástico y dejar la instalación sin tierraInstalar un electrodo propio: pica, placa o conductor enterrado
Conexiones flojas o corroídasAumento de la resistencia y tierra ineficaz en el momento críticoSoldadura aluminotérmica o grapas adecuadas y revisión periódica
Pica de longitud insuficienteResistencia de tierra demasiado alta para el terrenoAñadir picas en paralelo o de mayor longitud
No dejar accesible el puente de comprobaciónImposibilidad de medir la resistencia sin obrasInstalar una arqueta registrable con puente seccionable
Mezclar metales distintos (acero y cobre sin protección)Par galvánico y corrosión acelerada de las unionesUsar acero cobreado y uniones específicas resistentes a la corrosión
No medir la resistencia tras la instalaciónDesconocer si la instalación cumple realmente la normativaMedir con telurómetro y documentar el valor obtenido

Preguntas frecuentes

¿Es obligatoria la puesta a tierra en una vivienda?

Sí. El REBT exige la instalación de puesta a tierra en todas las viviendas y edificios de nueva construcción, y también al realizar reformas que afecten a la instalación eléctrica. Sin una toma de tierra correctamente instalada y medida, un instalador autorizado no puede emitir el certificado de la instalación.

¿Cuál es la resistencia máxima de una puesta a tierra?

El REBT no fija un único valor, sino que exige que la tensión de contacto no supere 24 V en locales húmedos o 50 V en el resto de los casos. Combinado con un diferencial de 30 mA, el valor teórico máximo ronda los 800 Ω, pero en la práctica se recomienda mantener la resistencia por debajo de 20 o 37 Ω para disponer de un buen margen de seguridad.

¿Cada cuánto hay que revisar la puesta a tierra?

Se recomienda medir la resistencia y revisar las conexiones al menos una vez al año, preferentemente durante la época seca, que es cuando el terreno ofrece la mayor resistividad. En instalaciones industriales o en locales de pública concurrencia las revisiones suelen ser más estrictas y deben quedar documentadas.

¿Qué pasa si una instalación no tiene puesta a tierra?

Sin puesta a tierra, una avería de aislamiento puede dejar en tensión la carcasa de un aparato sin que el diferencial llegue a dispararse hasta que alguien la toque. Eso multiplica el riesgo de electrocución y de incendio. Además, la instalación no cumpliría la normativa y no podría certificarse legalmente.

¿Se puede instalar puesta a tierra en un piso o solo en casas unifamiliares?

En los edificios de viviendas la toma de tierra es común a todo el inmueble: se establece en la cimentación y sube por la línea principal de tierra hasta cada vivienda, donde se distribuye por los conductores de protección. Por tanto, un piso también dispone de puesta a tierra, aunque el electrodo esté en los cimientos del edificio y no sea individual.

¿Cuántas picas de tierra necesito?

Depende de la resistividad del terreno y de la resistencia que se quiera alcanzar. En suelos buenos puede bastar una sola pica, mientras que en terrenos secos o rocosos hará falta clavar varias en paralelo, separadas al menos su propia longitud. La única forma de saberlo con certeza es medir la resistencia con un telurómetro tras la instalación.

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